Acabadas las obras e inaugurada la tienda, los dos o tres primeros días me quería morir. El centro comercial era un hervidero de gente, los pasillos abarrotados, mi tienda bonita y preciosa, el escaparate con gusto y estilo, y la colección espectacular. Pasaban por delante de la puerta, miraban los escaparates, pero no entraba nadie a la tienda. Recuerdo que la inauguración fue un martes y apenas vendí. Miércoles y jueves, más de lo mismo. Mi desesperación iba creciendo proporcionalmente a la seguridad y certeza que todo seria empezar, porque en ese momento ya no pararía. Y así ha sido hasta este año que celebramos los 35 años.

El primer día de reconocimiento de la colección, la tienda, la calidad y diseño de las prendas fue el sábado. Día clásico y tradicional de ventas. Ese fue mi primer gran día de ventas. No recuerdo la facturación de ese día, han pasado tantos años que la memoria no funciona igual hoy que cuando tenía 22 años. Aunque me acordara no iba a ser tan petulante de ponerlo aquí. Los que nos dedicamos a hacer la vida más feliz a miles y miles de personas a través de nuestras colecciones, el dinero es lo de menos. Lo demás es ver disfrutar a los clientes, seguidores, prescriptores y fieles.

La franquicia funcionó tan bien el primer año que pude pagarle la obra a Juan de la Mata en el segundo año de existencia. La matriz había previsto unas ventas para ese primer año que superé con creces. Todo iba viento en popa a toda vela. Cada día era un aprendizaje, llamaba continuamente a la matriz u otras franquicias y nos íbamos retroalimentando. Incluso cuando un producto en fabrica no tenia stock, nosotros nos lo dejábamos para no perder la venta y dar servicio al cliente.

Comparte éste artículo con tus amigos
×