Con el paso de los meses, y viendo que un solo proveedor no era inteligente decisión, me inicie en la búsqueda de otros proveedores. En aquellos años había una marca muy reconocida en el mundo de la moda de mujer y que quería ampliar su línea de negocio al mundo de la moda hombre. Los conocí en un salón Gaudí que se celebraba todos los años en Barcelona los meses de febrero y septiembre.

Estoy hablando de la marca RODIER. La línea de mujer era valorada y reconocida por las clientas como una marca con unas prendas de punto eternas y duraderas. Las chaquetas, suéter, faldas, etc. no hacían nunca pilling y sus diseños, aunque clásicos, eran consumidos por todo tipo de mujeres. Tenían muchas tiendas propias y muchas franquicias repartidas por toda la geografía nacional.

La línea de hombre también contaba con algunas tiendas propias y pocas franquicias. En el salón Gaudí exponían todos los años intentando ganar cuota de mercado en el mundo de la moda masculina. Allí los conocí y empecé a vender sus prendas en mi tienda de centro comercial Las Lomas.

En el capítulo anterior os dije que mi primer nombre comercial fue Paco J. Cecilio. La inclusión de la J fue porque en aquella época había un actor español de gran reconocimiento y prestigio llamado Paco Cecilio. Que no era, ni es otro, que mi entrañable tío, hermano de mi padre. Grandísimo actor y mejor persona. Para no interferir en su dilatada, prolífica y amplia carrera profesional, y que nadie pudiera decir que me aprovecha de su nombre, que por otra parte también es el mío, mi padre mi sugirió que metiera la J puesto que me llamo Francisco José. Y así lo hice. Una vez se jubiló decidí quitar la J porque era difícil de pronunciar el nombre completo, además que era fácil hacer una frase con el nombre. Muchos en plan broma decían PACOJO…los mios.

Fueron dos años maravillosos en el centro comercial de Boadilla del Monte hasta mayo de 1991 donde un desencuentro amoroso marco un antes y un después en mi carrera profesional. Lo que al principio pareció el apocalipsis y fin del mundo se convirtió en la oportunidad de mi vida, un giro de 180º y la posibilidad de explorar otros mercados. Os lo cuento en el siguiente capítulo.

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