El lema del 35 aniversario, como bien todos sabéis, y habéis oído y leído repetidas ocasiones es “Sin ti no hubiera sido posible”. Pues hay unas personas muy especiales dentro de esta frase, mis padres. Y especialmente puesto de manifiesto en mi madre, que Dios la tenga en su gloria. Por supuesto, el papel de mi padre también fue determinante. Pero el sacrificio que hacen las madres por sus hijos, que Dios me perdone, no lo hacemos los padres. Aunque toda generalización acarrea injustica, pido perdón desde aquí al padre que se sienta agraviado.

Mis padres en los inicios como emprendedor hicieron un tremendo sacrificio. Queda muy bien y es muy recurrente decir eso que los inicios de cualquier negocio, Star Up o idea se origino en el garaje de casa, como hacen muchas de las empresas tecnológicas surgidas en Sillicon Valley. No es mi caso, mi idea ya sabéis como surgió y mis padres que fueron unos humildes trabajadores, me ayudaron con lo que pudieron en su momento.

Mi padre trabajó toda la vida en el mundo de los seguros, llegando a ser jefe de departamento de contabilidad. Empezó en una compañía francesa llamada L’abeille. Comprada posteriormente por UAP y absorbida en el ultimo momento de su etapa profesional por AXA. Mi madre una sacrificada ama de casa que nos crio con amor, cariño y generosidad. Y sin estudios era una artista de las finanzas, un gurú de la economía. No he visto nunca un genio de tal magnitud para llegar a fin de mes.

Me dejaron en mis inicios 100.000 pesetas. Para los mas jóvenes, o los que hayan perdido la noción del cambio de la peseta al euro, 600 € actuales. Para aquella época, era mucho dinero. Mas teniendo en cuenta que en mi casa nunca faltó el dinero, pero no sobraba. 

Este hecho no fue lo mas destacado de la aportación de mi madre, ni mucho menos. Siendo muy importante y relevante, lo mas importante y destacado fue que mi querida y admirada madre se levantaba todos los días a las 5:00 horas para hacerme los arreglos de los clientes. Era increíble lo que esa mujer fue capaz de hacer por mí. En aquel momento no estaba instaurado como ahora que las composturas las pagaran los clientes. Lo asumíamos las marcas y lo restábamos del margen.

Mi madre de soltera había trabajado, como muchísimas mujeres de aquella época, de modista. Habían dejado los estudios en temprana edad para ayudar en casa porque el hambre hacía de las suyas después de la guerra Civil. Era la salida que tenían las mujeres después de haber dejado sus estudios en una temprana edad.

Esos conocimientos de su juventud los puso de manifiesto en mis primeros años como empresario de la moda. Me hacia los bajos de los pantalones. Las mangas de traje, americana y abrigos no se atrevían con ellos. Su maquina de coser no estaba preparada para ello, pero me hizo muchísimos bajos de pantalón durante los tres o cuatro primeros años. Fue una gran, y, sobre todo, inolvidable ayuda. Sirva este post de homenaje a una luchadora e infatigable mujer, entregada en cuerpo y alma hasta el ultimo día de su vida a cuidar a su marido, hijos, nietos y familiares. Va por ti Conchi, inolvidable Conchi.

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