Yo era un joven coqueto, y como cualquier chaval, le gustaba vestir bien, ir a la moda, a las últimas tendencias. Compraba la ropa en las tiendas de moda de aquellos años, seguía las tendencias que veía en los escaparates, no existía las redes sociales ni internet, por lo tanto, no había el poder que tiene ahora el consumidor con las nuevas tecnologías. Cuando los amigos compraban determinada marca, le preguntábamos donde lo había comprado y allí acudíamos rápidos y veloces. 

Como cualquier soñador siempre había imaginado tener mi propia marca de moda, pero era un sueño que pensé nunca podría cumplir. Pero insistiendo, insistiendo e insistiendo, a veces, los sueños se hacen realidad. Cuando digo insistiendo es una manera fina de decir, trabajando, trabajando y trabajando. Cuando se tiene un sueño, hay que perseguirlo sin descanso hasta cumplirlo. Hay una frase muy de moda actualmente pronunciada por el Cholo Simeone que haga mía en infinidad de ocasiones: “Si se cree, se puede”. Es suya pero la repito a mis trabajadoras continuamente. Es aplicable al fútbol y a cualquier ámbito de la vida. 

Frases hay muchas que dicen los gurus, coach, expertos… y soy mucho de frases y refranes que iréis leyendo durante estas memorias a lo largo de este año en los posts publicados en este blog y que conmemoran los 35 años de Paco Cecilio. 

Era el momento, corría el año 1989, de irse planteado otro modelo de negocio, cambiar el actual de los videoclubs por otro más próspero y de más futuro o morir ahogado por las televisiones privadas. Pero como soy mucho de frases y refranes, os pondré otra que uso mucho: “Rendirse es de mediocres”. Así que, tocaba pensar y decidir hacia donde encaminaba mis pasos con tan solo 21 años. Y lo tuve claro, hacia el mundo de la moda. 

Siempre he dicho que si hubiera sido amante del mundo del motor me hubiera dedicado a vender coches o motos, pero como lo mío era la coquetería, acabe haciendo mi sueño realidad. Y así es como nació Paco Cecilio. Nada fue fácil, todo lo contrario. Pero la ilusión podía en ese momento, y en todos los momentos, suplir cualquier carencia económica y de experiencia. A esas edades se piensan menos las cosas, se tienen menos responsabilidades, por lo tanto, menos miedo. Y uno se tira al vacío sin red.  En el siguiente capítulo os empiezo a desgranar los inicios.

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